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El cinturón peso welter de UFC se ponía en juego la noche del 8 de septiembre en Dallas, Texas y el campeón reinante, Tyron Woodley se medía ante un invicto y joven peleador inglés, Darren Till. 

Las apuestas estaban del lado del peleador nacido en Liverpool, Till, con la demanda de por medio sobre Tyron, al cual se le habían criticado algunas actuaciones que la afición consideraba mediocres.

No había terminado de sonar la campana en la arena cuando el campeón reinante se lanzó con malas intenciones hacia Till, algunos golpes de por medio, un amarre seguido de una inactividad en la reja para que el tercero en la lona detuviera las acciones para llevarlas de nuevo al centro de la jaula. Un primer round pasivo por parte de Till mientras que Woodley ya mostraba más experiencia y ambición en el combate.

Hasta ese momento, de cualquier modo, en la pelea no había nada definido. Un round había pasado a la historia pero la moneda seguía en el aire. Woodley se encargó, temprano en el combate, de dar un golpe de autoridad en la quijada del inglés. Segundo round y el campeón había mandado a la lona con una fuerte derecha a su adversario.

Woodley se encargó de darle una paliza a ras de lona a Till y por momentos parecía que el referí iba a intervenir por lo duro del golpeo. Hubo mesura y las acciones de la pelea estelar del UFC 228 continuaron.

Pero no por mucho tiempo. Ya en el centro de la jaula, luego de varios minutos de trabajo por parte de Woodley, Till parecía haber pasado lo más complejo del combate. En un esfuerzo por salir de la mala posición en la que se encontraba Till, en ese momento el campeón aprovechó el cansancio y con un buen movimiento en la lona, logró encajar un D’arce Choke que finalizó la pelea.

Woodley, con humildad, le dio una muestra a sus detractores de que es el legítimo rey de las 170 libras al someter a un peligroso peleador como Darren Till.

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