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Por: Jeffrey Julio

Las confrontaciones físicas han formado parte íntegra de la humanidad a lo largo de la historia. Pasando por las batallas de gladiadores en la antigua Roma, los llamados “Fisticuffs” en la época victoriana del Reino Unido y los primeros años del boxeo, siempre ha existido una premisa para toda confrontación o disputa: “Enfrentar al mejor y vencer al mejor”. Dicha premisa impulsaba a que los enfrentamientos tuvieran una fuerte dosis de emotividad y se convirtieran en una cuestión de honor.

Aquella cuestión de honor logró perdurar hasta tiempos modernos, donde en los últimos años hemos visto legendarias batallas (ahora en un ámbito deportivo y regularizado), tales como las que sostuvieron en boxeo Muhammad Ali contra Joe Frazier y George Foreman, las contiendas entre Sugar Ray Leonard y Roberto Durán; o en Artes Marciales Mixtas, donde Royce Gracie logró asombrar al mundo entero empleando la disciplina del Jiu Jitsu para someter en cuestión de segundos a atletas que lo superaban en tamaño, en los tiempos donde las MMA no tenían el auge ni las reglamentaciones con las que cuentan actualmente.

Hoy en día, las MMA son un deporte en constante crecimiento, logrando heredar de deportes como el boxeo muchos de sus aficionados acérrimos, ventas de Pago Por Evento y la fascinación tanto de sus aficionados como de competidores por las llamadas “Money Fights” (O “Súper peleas”) en las cuales se busca lograr un combate que genere la suficiente atención como para lograr obtener un gran beneficio monetario de ella, donde siempre sobresale el “Factor espectáculo” antes que el deportivo.

Actualmente, UFC (La mayor organización de Artes Marciales Mixtas en el mundo) cuenta con un sistema de rankings por divisiones de peso, el cual es generado por un panel de periodistas especializados. Sin embargo, a menudo estos rankings son pasados por alto, ya sea por labores del “Matchmaker” al organizar las contiendas o por la atención que ciertos peleadores suelen obtener por méritos extradeportivos, tal como sucedió en su momento con Chael Sonnen en sus enfrentamientos con Anderson Silva, o como sucede actualmente con Conor McGregor.

Muchos peleadores como el irlandés Conor McGregor suelen usar el “Trash Talking” (o provocaciones verbales) como estrategia de promoción en sus peleas. Esto hace crecer la atención y expectativa de los fanáticos, atrayendo por ende más ventas de Pay Per View y ganancias monetarias, aunque esto implique manchar el deporte con estas prácticas anti-deportivas. Prácticas que le han resultado efectivas al peleador irlandés, y lo han llevado a ser campeón en 2 divisiones de peso en UFC (pluma y ligero), obteniendo la oportunidad titular al cinturón de los pesos ligeros tras nunca haber competido en dicha división dentro de UFC y nunca haber defendido su cinturón de peso pluma obtenido al derrotar a Jose Aldo en 2015.

La integridad deportiva de las MMA en los últimos años se ha visto manchada por la codicia que deja de lado el carácter deportivo, haciendo incluso que los recién coronados campeones en lugar de defender sus cinturones contra los contendientes más fuertes de sus respectivas divisiones (como se espera que se haga), buscan perseguir las “Súper peleas” o “Money Fights” para agregarle un par de ceros más a sus cuentas bancarias. Como en el caso de Michael Bisping y Tyron Woodley, quienes al coronarse campeones en peso medio y peso welter respectivamente, tuvieron como primer movimiento buscar lograr una contienda contra Georges St-Pierre, ex-monarca peso welter de UFC, quien pese a estar semi-retirado y llevar más de 3 años alejado del octágono, sigue siendo un nombre establecido en el panorama de las MMA y una figura seguida por fanáticos alrededor del mundo debido a sus innumerables batallas y defensas titulares.

Sin ignorar el atractivo que estos combates pueden ofrecer, las “Money Fights” ponen muchas veces en tela de juicio el espíritu deportivo de las MMA, al hacer que los peleadores ya no busquen enfrentar al mejor contendiente, sino a la mayor “Súper estrella” que les genere el mayor número de reflectores. Haciendo un contraste enorme con otras épocas en las que antes que el dinero, prevalecían la fuerza y el honor a la hora de un combate.

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