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”La pelea entre Conor McGregor y Floyd Mayweather podría terminar llevándose a cabo frente a un aproximado de 7.000 asientos vacíos en el T-Mobile Arena, en Las Vegas, debido a la lenta venta de entradas”.

Así comienza una nota del portal The Independent, basada en reportes del periodista Mike Costello, corresponsal de la BBC, donde entre otras cosas, menciona que la pausada venta de boletos podría deberse a los precios exorbitantes de las entradas. El recinto, cabe mencionar, tiene una capacidad para 18 mil espectadores.

Es probable que esta tendencia cambie el día de la pelea y se logren vender más boletos, pero queda asentando un precedente: o vendieron mal la pelea, o mucha gente no se tragó tan fácil el cuento.

Antes de continuar con el ‘análisis’ de esta pelea, debemos dejar claro que esta contienda no debe juzgarse como un evento deportivo como tal, debe entenderse mejor dicho como un show, un circo; en el cual los actores pueden hacer y deshacer a su antojo, puesto que la verdadera finalidad de dicho espectáculo es el dinero.

Quién si no Floyd Mayweather, envuelto durante toda su carrera en escándalos deportivos y extra deportivos (juzgado por golpear mujeres y problemas con hacienda) se prestaría a un espectáculo de magnitudes nunca antes vistas como el que presenciaremos el 26 de agosto. Un peleador que ostenta un récord invicto (49-0) que ha sido manchado por dudosas decisiones y peleas a modo.

Un caso muy conocido por los aficionados del boxeo, fue frente al mexicano José Luis Castillo, a quien muchos vieron derrotar a Mayweather en 12 asaltos. Yo he visto esa pelea por lo menos 4 veces y sin duda el mexicano Castillo ganó por puntos la contienda. Pequeños pero grandes detalles, son los que marcan la diferencia.

Se han manejado versiones nada descabelladas de que Floyd tomó la pelea con condiciones puntuales debido a problemas de impuestos.

La calidad de Floyd no se ha puesto en entredicho, siendo un peleador purista y con una defensa proverbial, que ha ganado precisamente con este recurso, muchas de sus peleas como profesional. Pero viene del retiro, a ‘exponer’ su inmaculado record frente a un irlandés que si bien es un atleta muy completo, tiene la impactante cantidad de cero peleas como boxeador profesional.

”McGregor le faltó el respeto al mundo del pugilismo queriendo aparentar que cualquiera puede convertirse en boxeador profesional en un abrir y cerrar de ojos”.

Ni más ni menos. A quienes digan lo contrario, les recomiendo preguntarle a un boxeador amateur, que viene haciendo fila por años para hacer un debut soñado en un cartelera de medio pelo, y que ha dejado su sudor y sangre en los gimnasios más cruentos del mundo con sueldos que rayan en lo infumable.

Por eso hay personas que en su afán de justificar su nulo sentido de crítica y análisis, dicen comprender que este show publicitario es una pelea de morbo, pero no reconocen el origen de la desdicha y el sufrimiento en carne propia de una carrera de 10, 15 o 20 años en el verdadero arte del boxeo.

Por ello, no podemos tomarnos esto con seriedad. Hasta por una cuestión de respeto a nuestra profesión asumimos el compromiso de hablar de Floyd y McGregor, pero lo hacemos desde la visión que merece esta payasada: desde lo grotesco, desde lo ridículo, desde la exaltación del mal gusto como contribución al verdadero lugar que este show merece en la historia del boxeo.

”¿Y qué hay de los sacrificios y los impedimentos que se tienen que superar para llegar a la élite de ambas disciplinas? El boxeo y las artes marciales mixtas no son un juego, pero el dinero y los intereses los convirtieron, desafortunadamente, en ello”.

Retomo el párrafo anterior de un pequeño pero puntual texto de Vice Sports.

Los verdaderos ganadores de esta puesta en escena son los promotores, UFC y los propios peleadores que se embolsarán sumas ridículamente millonarias. El deporte, ambas disciplinas tan exigentes como el box y las artes marciales mixtas, estrictamente hablando, quedan de lado.

Ya veremos en qué termina esta película…