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Khabib Nurmagomedov, actual campeón ligero de UFC, tiene que enfrentar varios asuntos disciplinarios luego del alboroto del pasado 6 de octubre, pero tenemos que aclarar el futuro de los pesos ligeros.

Para eso, hay que tener en cuenta que el ruso ya despachó a varios de la elite de las 155 libras y por si fuera poco, le dio cátedra durante cuatro asaltos al considerado mejor peleador de UFC (solo sus fans y Dana White creen eso), Conor McGregor. 

Una revancha entre Khabib y McGregor justo ahora no es una buena noticia en el ámbito deportivo. Pero el dinero mueve la voluntad y el negocio se presta para que los bolsillos de la empresa se engrosen.

Si nos dejamos llevar por el asunto que en verdad interesa, es Tony Ferguson quien se ha ganado con creces la oportunidad para retar al atleta ruso invicto en 27 peleas.

Posee, además de otras condecoraciones, una racha de once peleas sin conocer la derrota. Cuatro peleas de la noche dentro de UFC engalanan su historial.

Su estilo de pelea es el que emociona a todo tipo de aficionado al deporte; en el suelo maniobra con transiciones que complican a sus adversarios. De pie, puede protagonizar un festival de fuegos artificiales o manejar con inteligencia su alcance y desesperar a sus contrincantes con cambios de guardia o movimientos clásicos de un ninja.

Tony lo tiene todo: estilo, carácter, disciplina y aguante. No podemos engañarnos, una pelea entre Ferguson y Khabib es muy interesante y el choque de estilos es idóneo para esperar una guerra.

Es, además, un choque que pondría en la mesa el enfrentamiento de dos culturas y formas de ser: por un lado, Khabib es el europeo frío y rudo que con dificultad se sale del guión, frente al calor latino y la emotividad que representa Ferguson.

 

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